lunes, 3 de marzo de 2008

Gaby Vargas, Estemos felices con nosotros mismos

Experimenta el contentamiento
Por Gaby Vargas

Publicado en el Diario de Yucatán 2 de marzo de 2008.
Contentamiento... Escucho por primera vez esa palabra. Intuyo su significado, mas bien a bien no sé a qué se refiere.“¿Existe esa palabra o tú la inventaste?”, le pregunto a la compañera que, por casualidad, me toca junto en el asiento del avión y que es nada menos que la maravillosa cantante María del Sol. La historia que me platica llama mi atención y la pasión con que la cuenta me engancha de inmediato. A pesar del cansancio de ambas, y para la poca fortuna de nuestros vecinos, no nos para la boca durante todo el vuelo.Regresamos de la hermosa ciudad de Mérida. Y digo hermosa no sólo por sus calles, casonas, árboles, paseos y avenidas. Es hermosa por su gente y su calidez. De corazón, mil gracias por sus abrazos, palabras y cariño. “Desde chiquita, Gaby, nunca fui chiquita”, me platica María del Sol. “Siempre fui grandota, tosca y torpe; incluso me apodaban La Elefanta, ¡imagínate! Eso me creó una gran inseguridad y complejo”.“Estaba inconforme con mi físico. Siempre crecí sintiéndome fea y gorda. Un día, mi mamá descubre que tengo buena voz. Como fuga a mi frustración aprendí a tocar el piano y a cantar. Así que mi mamá me llevó a una audición con un grupo musical.“Comienzo a cantar pero seguía sintiéndome horrible. Un día me doy cuenta de que la gente me presta atención cuando canto, ¡me escucha! Ése es el comienzo de mi recuperación.“No te imaginas lo duro del inicio. Temporadas de dos meses de cabaret en Cancún, Acapulco y demás. Todos aprovechan el día en el sol y la playa. Yo me la paso encerrada en el cuarto. No quería que vieran mis desgracias.Ideal “Siempre tuve como ideal de belleza a Claudia Schiffer. Desde mi punto de vista, poseía todo lo que se requiere para ser bella: delgada, alta, rubia, ojos azules y pelo lacio. Y yo, por supuesto, carecía de todo eso.“Un día, en el aeropuerto, llama mi atención la foto de Claudia en la revista Hola! Nunca la compraba, pero ese día lo hice, y hasta la fecha la conservo. 'Espectaculares fotos de la modelo más famosa de todos los tiempos', decía el título de la portada. Al ver las páginas interiores, le reclamé a Dios por ser tan injusto. Ella, además, tenía como novio al galán del momento: David Copperfield. ¡Y era rica y famosa! “Seguramente Dios se distrajo cuando mis papás me concibieron y no me tocó ninguna gracia, pensaba. Sin embargo, hoy estoy segura de que Dios se valió de ese medio para ubicarme. En la entrevista, le preguntan a la famosa modelo: ¿Tiene un sueño por realizar? Yo me adelanto a su respuesta y supongo que nada. ¿Qué más puede querer una mujer que lo tiene todo? Claudia contesta: 'Ser cantante es mi gran sueño, pero sé que nunca podrá hacerse realidad'. Su respuesta me da como un mazazo en la cabeza.“Después de que tuve ese encontronazo con Dios, comencé a ver las cosas de manera diferente. Me entra el contentamiento. Es decir, empecé a enfocarme en lo que sí tenía, a valorar mi voz. A valorarme a mí misma. Me di cuenta de que mi sueño sí era alcanzable. Si me lo proponía, a través de dietas, tinte en el pelo, ejercicio y pupilentes podría llegar a ser bella. En cambio, Claudia, por más que quisiera, no podría comprar unas cuerdas vocales. Sí, me gusta la comida, y nunca tendré su cuerpo, sin embargo hoy me acepto, hago ejercicio, me mido y trato de mantenerme en forma. El contentamiento no es estar conforme, sino aceptarte como eres y no pelearte con la vida por lo que no eres o no tienes. Ya no lloro cuando me veo en el espejo, ni me amargo la vida ni la de mi familia. Estoy contenta a pesar de que no tengo lo que me gustaría tener”. Esa noche me duermo con una sonrisa. Mérida me llenó de abrazos, hice una nueva amiga y conocí lo que es el contentamiento…

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